Carlos Alfonso Velásquez A. | ALGUNAS IMÁGENES PARA LA HISTORIA
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ALGUNAS IMÁGENES PARA LA HISTORIA

ALGUNAS IMÁGENES PARA LA HISTORIA

En una ocasión el saliente Presidente Álvaro Uribe dijo que él no trabajaba para la historia sino “para solucionar los problemas”. Pero como la historia no se puede dejar de escribir uno de los temas que tendrá que registrar, será el de su peculiar estilo. Tanto así que en la medida en que la distancia histórica permita decantar las distintas interpretaciones, es muy probable que se arribe a la conclusión de que la amplia acogida que tuvo la “Seguridad Democrática”, más que por la política en sí misma y sus resultados, se debió al estilo con que desde el comienzo la implementó el Presidente, potenciado por la coyuntura que atravesaba el conflicto armado.

De esa coyuntura cabe recordar dos imágenes de los tiempos del Caguán que quedaron grabadas en las retinas de los colombianos. Por una parte, el viaje a Europa en el que fueron observados unos jefes guerrilleros codeándose con líderes políticos europeos. Por otra, el despliegue de fuerza realizado para lanzar el “Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia”: una formación militar en la que se vio una guerrilla no propiamente marginal. Por el contrario, fue la representación de otro ejército dentro del territorio nacional. Así pues, las imágenes gritaban: “las Farc están ad portas de llegar al poder”.

Pero, en contraste, llegó el “caudillo salvador”. Uribe asume el poder con sus actitudes en contra de las Farc, potenciadas por el lenguaje agresivo: “aquí no hay conflicto armado, lo que hay es una amenaza terrorista contra la democracia”, “terroristas asesinos” etc. Su primer acto de gobierno se realiza el 8 de agosto del 2002 en el Cesar, uno de los departamentos más azotados por los secuestros y los atentados a la infraestructura vial realizados por las guerrillas. Allí inaugura la primera “red de cooperantes” y siembra la semilla de lo que se convirtió en la campaña de “vive Colombia, viaja por ella”.

Luego – un año antes de que se conociera la versión oficial y escrita de la “Política de Seguridad Democrática”-, vino la frenética carrera de imágenes de un mandatario cuya consigna era “trabajar, trabajar y trabajar”, con agendas que traslucían una enorme capacidad de trabajo. En estas, los consejos de seguridad ocuparon un lugar privilegiado, como privilegiadas fueron las imágenes de un Presidente – en camisa de manga corta, poncho y sombrero – regañando públicamente a los generales hablando en nombre de los afectados por la violencia guerrillera. Y con el correr del tiempo, en el imaginario colectivo se borró la diferencia entre “seguridad” y “guerra contra las Farc”.

En fin, por aquello de que “una imagen vale más que mil palabras” los colombianos experimentaron un indudable alivio respecto a la “amenaza de las Farc” y empezaron a respirar un aire muy distinto al proveniente del Caguán. De ahí en adelante las encuestas no dejaron de favorecer a Uribe. Sin embargo, aún es temprano para analizar y valorar en toda su dimensión los resultados estratégicos de la “Política de Seguridad Democrática”.

 

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