Carlos Alfonso Velásquez A. | Así fue nuestra precandidatura
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CONOCIENDO RÁPIDAMENTE EL PENSAMIENTO DE CARLOS ALFONSO VELÁSQUEZ

Sobre la política

“La política, ha estado siempre presente en mí. Pero política en el alto sentido de la palabra. Es decir, la preocupación para que las cosas del diario vivir mejoren, para que haya un mejor ambiente de convivencia. Yo siempre entiendo la política en su amplio y alto concepto, no solo en su concepto reducido a lo electoral y el poder. En el amplio concepto la política es el arte de promover y/o proteger el bien común público”.

Sobre los líderes a quien admira

“En lo internacional a Konrad Adenuer, Charles de Gaulle, De Gasperi en Italia, Schuman. Ellos fueron los gestores básicos de la Comunidad Europea. En lo nacional están Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Álvaro Gómez Hurtado y Luis Carlos Galán. En lo militar a Gerardo Ayerbe Chaux, Hernando Currea Cubides, Álvaro Valencia Tovar y Fernando Landazábal Reyes”.

Sobre la ideología

“El militar ético siempre pretende ser de centro anclado en ideas relativas a la libertad ordenada a la justicia general y al bien-ser y bien-estar, y cuando estuve activo en la milicia, actué de ese modo. Diría que tengo algunos rasgos de derecha en lo moral y tengo muchos rasgos de izquierda en lo social. Esta es una postura que yo denomino un centro anclado en ideas, varias de ellas provenientes del comunitarismo. El problema no es la ideología sino la coherencia, que es muy ligada a la ética”.

Sobre su fe

“Yo sencillamente soy un católico que procura vivir su fe. Al decir vivir me refiero, por ejemplo, a que yo no puedo entrar a una reunión de trabajo y quitarme la fe católica como si fuera un saco. En mis decisiones, posturas y propuestas están presentes los principios y valores católicos como el amor al prójimo. Eso sí, tengo muy claro la máxima evangélica de “dad a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César” lo que implica que rechazo todo aquello que se pueda relacionar con fanatismo. Como un santo dijo alguna vez: Hay católicos a los que uno quisiera pedirles el favor de que no sean tan católicos”.

Sobre el país ideal

“Hay que lograr que un país rico en recursos de diversa índole, especialmente los humanos, como Colombia, tenga un estado fuerte. Ese estado fuerte se da de acuerdo a la credibilidad que tiene frente a la gente. Debe ser un estado que cumpla con su razón de ser en temas como justicia, seguridad, impuestos justos, educación, salud. Ese es un estado legítimo con el cual primaría la concordia. Habría unidad nacional en la diversidad, no unidad nacional solo para el congreso o los proyectos de ley”.

Sobre el manejo de la seguridad

“Hay que concentrar la policía en las áreas urbanas y dedicarla a la seguridad ciudadana, su principal misión. Para lograr esto hay que crear una guardia nacional rural (una policía con estatuto militar) que tendría su razón de ser misional en la seguridad de la población rural y sus recursos protegiéndolos de amenazas provenientes de la delincuencia organizada rural. Para evitar erogaciones presupuestales mayores en su creación tanto el ejército como los carabineros de la policía se desdoblarían en personal y logística, se re-educarían y re-entrenarían pues se trata de una misión diferente. El Ejército se reduciría en cantidad, pero no en calidad. Se mantendría un ejército muy profesional y tecnificado que cumpla las funciones frente amenazas provenientes del exterior y en las fronteras y solo en casos excepcionales bajo responsabilidad del Presidente de la República realizaría operaciones puntuales en el interior del país”.

Sobre las Farc haciendo política

“Las Farc a través del tiempo no fueron un factor importante de desestabilización por ellas mismas, sino por varios errores político-estratégicos de la mayoría de nuestros gobernantes. Hoy podría haber más de un campesino que le crea más a Timochenko que a toda la labia que echan en Bogotá, sin embargo, el discurso de tinte marxista-leninista realmente no cala en nuestra cultura política. Por otro lado, parece que las Farc van a conformar un partido de izquierda más organizado y cohesionado que los que están ahora en la legalidad. Es probable que con el paso del tiempo y con la apertura a la libertad que da no estar en una organización armada, también se vuelvan desorganizados”.

Sobre la paz y el postconflicto

“En el reciente pasado escribí un libro y varias columnas de opinión criticando aquella estrategia militar que muchas veces, tal vez sin calcularlo, ponía a la guerra como fin y no como un medio para llegar realmente a la paz. Ahora, con respecto al postconflicto, lo importante es que los propósitos subyacentes en lo acordado se cumplan. Pero lo más importante es aprovechar la nueva visión para el campo que promueven los acuerdos para introducir lo pertinente en un plan estratégico de desarrollo rural que incluya incentivos para des-urbanizar de manera sensata y moderada el país. También tendremos que determinar muy bien lo que le espera al campo en cuanto los tipos de cultivo y productos claves en los próximos 20 años. Hay que darle prioridad a este tema con investigación a través de universidades y Colciencias”.

Sobre la amenaza castrochavista

“Hoy en día buena parte del freno de la economía está dado por la incertidumbre de quienes piensan invertir a mediano y largo plazo. Se hacen preguntas sobre las Farc y el poder que recibirán, si nos convertiremos al castrochavismo, si se va a sacrificar la propiedad privada… etc. Son una cantidad de incertidumbres que no tienen razón de ser. Castrochavismo, entendido desde la experiencia cubana, no va a haber en nuestro país. Quien lo diga no conoce ni la historia ni la cultura colombiana. Tenemos una cultura diferente. Esto incluso fue lo que en buena parte influyó para que las Farc no pudieran avanzar para llegar al poder por la vía de las armas. Con respecto a Venezuela, un eventual gobierno mío asumiría una postura de relaciones inevitables, porque somos vecinos, pero distantes y críticas con todo aquello que afecte la verdadera democracia, en caso tal que el modelo castrochavista se mantenga”.

Sobre quienes no tienen cabida en su proyecto

“En este proyecto darle la bienvenida a personas inmersas en la polarización que nos afecta, sería incoherente. Ese tipo de perfiles no son acordes con la Concordia Nacional. A mí lo que me importa en las personas es que sean éticos, coherentes y competentes sin importar que sean de derecha o izquierda”.
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ESTRATEGIAS

ESTRATEGIAS

Por: Ricardo Silva Romero 06 de junio 2019 , 07:00 p.m.

De vez en cuando me encuentro al noble coronel Velásquez. Siempre es una suerte verlo porque siempre me hace entender algo de lo que está pasando acá en Colombia. Velásquez, Carlos, hizo una brillante carrera militar durante veintisiete años –ocupó el primer puesto en sus cursos de ascenso, recibió decenas de condecoraciones, comandó el Bloque de Búsqueda que radicó el proceso 8.000, capoteó trampas y vilezas– hasta que su denuncia de la conducta sospechosa del general Rito Alejo del Río llevó al mando de la época a concluir que era hora de que dejara el servicio activo. Velásquez empezó entonces una segunda vida que lo convirtió en estudiante, en profesor, en columnista de El Nuevo Siglo. Y siempre es una alegría verlo. Pero el viernes pasado fue un alivio.

Yo le pregunté por qué fallan las Fuerzas Militares cuando fallan: por qué las “órdenes de letalidad” que denunció The New York Times, por qué los ‘falsos positivos’ de la década pasada, por qué la enceguecida retoma del Palacio de Justicia, por qué los desmanes de los días del Estatuto de Seguridad. Y él, que se ha pasado la vida diciendo que “uno no debe cortar sino deshacer los nudos”, me hizo notar que –como escribió en su columna del lunes– la raíz del problema es “la falta de una estrategia nacional con indicadores de gestión coherentes de la que pueda derivarse inequívocamente una estrategia militar”. Por ejemplo: el plan de este gobierno, la Política de Defensa y Seguridad para la Legalidad, el Emprendimiento y la Equidad, que se presentó en Tolemaida, dice qué hay que hacer, pero no dice cómo.

Dijo el presidente Duque el día que lo presentó: “¡Pido a las Fuerzas Militares que respondan con resultados al clamor de la ciudadanía!”. Pero, como su gobierno vive sitiado por caraduras que niegan el conflicto, como su gobierno no empezó por merecerse la confianza de la ciudadanía de las regiones de la guerra, y ha sido peligrosamente ambiguo, por decir lo menos, ante los compromisos de los acuerdos de paz, es probable que el país de los meses pasados haya sido vigilado por un montón de soldados alterados. No los excuso. Tampoco creo que esta administración se haya inventado el error de reducirlo todo a “resultados”. Digo que estas tropas suelen serles leales a estos presidentes. Digo que nunca salió bien aquello de ideologizar a nuestro ejército. Que cada vez es más claro que fueron los falsos patriotas quienes empujaron a los militares a servirle a uno de los bandos de la Violencia, a perseguir al comunismo en los años del Estatuto de Seguridad, a enrarecer las negociaciones de paz de los últimos tiempos. Y que, ya que se trata de derrotar esta cultura de panfletos, de asesinatos sistemáticos, de despojos, resulta fundamental que este gobierno aclare en voz alta lo que quiere, cuide cada una de sus palabras y no nos busque más una paz de camposanto.

“Solo los derrotados juegan sucio”, dice el héroe de la película Vida y muerte del coronel Blimp. “Yo he sido uribista, santista, duquista…”, respondió el lúcido general Mejía cuando a los inescrupulosos de siempre les dio por exigirle al Presidente –desde su burladero– el fin de la cúpula del gobierno anterior. Quizás sea por ese talante sereno que me gusta encontrarme con el coronel: porque su criterio es la cordura, porque habla en serio cuando habla de servirle al país, porque él sí que merecía el ascenso que el Senado acaba de concederle al cuestionado general Martínez, pero nunca se dejó amargar. Colombia, en su violenta búsqueda de una ‘unidad’, ha amado los uniformes: de los curas, de los militares, de los futbolistas. Y hay que celebrar aquellos casos, como el de Velásquez, en los que ese amor ha sido un amor correspondido.

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