Carlos Alfonso Velásquez A. | AÚN HAY ESPERANZA
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AÚN HAY ESPERANZA

AÚN HAY ESPERANZA

La Corte Suprema declara que la terna para elegir al Fiscal General “no es viable para votarla”. Un paso más en el ahondamiento de la fractura institucional entre las ramas Ejecutiva y Legislativa que adquirió una dinámica especial durante el segundo período Uribe.

¿La responsabilidad de su ocurrencia? Indudablemente compartida. No obstante, pesa más en el Ejecutivo por dos razones. Por una parte, el que nuestro sistema de gobierno sea “Presidencial” implica que esta rama tenga preponderancia sobre las otras, es decir, más poder sobre la marcha de la institucionalidad. Por otra, el que las decisiones de la Corte relacionadas con el problema, sean consensuadas o al menos de mayoría calificada, implica que más intelectos han tomado parte en ellas y, por ende, que haya menos riesgo de equivocación o de soslayo de los altos intereses del Estado. Distinto a si las decisiones provienen de una sola persona, el Presidente, que, si lo ha hecho, máximo habrá consultado tres miembros de su equipo de gobierno.

En síntesis, todo parece indicar que para el Presidente se está cumpliendo el adagio aquel de “siembra vientos y cosecharás tempestades”.  

Sin embargo, aún hay esperanza de que las cosas cambien. En el abanico de precandidatos (as) presidenciales, hay quienes, por su talante y experiencia, ejercerían el ejecutivo con “auctoritas”. Es decir, con autoridad firme pero serena conducente a promover el bien común público, y, de una manera que salvaguarde la legitimidad institucional.

Me refiero especialmente a Rafael Pardo. Siendo un prometedor académico fue llevado a la rama ejecutiva por un gobierno, el de Barco, encabezado por un mandatario de poco carisma personal pero de alto vigor institucional. En reciente libro, al referirse a la crisis desatada por el narcoterrosimo y sus anexos de la segunda mitad de los ochenta y primera de los noventa, Daniel Pecaut escribió: “Resulta notable que las administraciones Barco y Gaviria hayan logrado evitar que la crisis desencadenara una ruptura política mayor”.

Pardo tuvo pues su escuela en esas administraciones y su talante se moldeó desempeñando cargos clave en un período de cruda crisis: asesinato de cuatro candidatos presidenciales, bombas indiscriminadas, penetración del narcotráfico, envalentonamiento de las guerrillas etc. En su periplo profesional se hizo merecedor, entre otras, a la dignidad de Ministro de Defensa. El primer civil después de 40 años.

De su desempeño allí cabe resaltar que ha sido el único que la ha dirigido durante cuatro años consecutivos. Y que su paso es recordado, entre otras, no por haberse inventado nuevos grados o cargos como los de “un coronel en cada brigada encargado de la seguridad de los concejales”, sino al contrario, por mantener la institucionalidad con acertada flexibilidad operacional como cuando ideo el “Bloque de Búsqueda”, no solo contra el cartel de Medellín, también contra Cali.

En fin, se acabó el espacio de esta columna y solo resta preguntar ¿Cuándo, en su ya larga trayectoria, se le ha escuchado una declaración que no irradie sindéresis?

 

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