Carlos Alfonso Velásquez A. | CONFLICTO ARMADO: SEMÁFORO EN AMARILLO
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CONFLICTO ARMADO: SEMÁFORO EN AMARILLO

CONFLICTO ARMADO: SEMÁFORO EN AMARILLO

Los logros en seguridad de los períodos Uribe son evidentes. En el apretado espacio de esta columna se pueden sintetizar en: 1) Haber debilitado ostensiblemente a las guerrillas y desmitificado a los jefes de las Farc. 2) Haber simplificado el escenario de la guerra desmovilizando a los más conocidos jefes paramilitares y buena parte de sus seguidores.3) Haber ubicado la seguridad en el lugar privilegiado que le corresponde en un Estado moderno. 4) Haber devuelto el optimismo a una considerable proporción de colombianos debido, principalmente, al descenso de los indicadores de violencia que sentían más cercanos como los secuestros.

El cenit de la implementación de la Política de Seguridad Democrática (PSD) se alcanzó con las marchas masivas contra el secuestro, la muerte consecutiva de tres miembros del secretariado de las Farc, la fuga de Oscar Lizcano y la operación “Jaque”.  

Pero poco tiempo después, máculas que se venían gestando en la sombra afloraron a la luz pública golpeando la legitimidad de la PSD, y por ende, su efectividad y fuerza.

Me refiero a las conductas de militares que, por acción u omisión, han asesinado civiles para presentarlos como espurias “bajas enemigas”. También al empleo de detectives del DAS en seguimientos abusivos, que abarcaron interceptaciones de teléfonos y correos electrónicos de varias personalidades del país, incluyendo a magistrados de las Cortes. No es que antes no hubiera manchas que le restaran legitimidad a la política bandera del gobierno, como la parapolítica, algunas detenciones arbitrarias o la inefectividad frente a la contra-reforma agraria de los paramilitares. Lo que sucede es que éstas últimas no habían sido tan nefastas en sus efectos deslegitimadores.  

Del debilitamiento de la PSD, hablan las acciones que vienen realizando las Farc en los últimos meses. Al respecto, el título del editorial de este diario el pasado 1 de junio es diciente: “ALGO ESTÁ FALLANDO”. En efecto, atentados como el secuestro del presidente del Concejo de Garzón y los ataques en Meta, Guaviare y Cauca, se constituyen es un semáforo en amarillo que está diciendo: “el debilitamiento de las Farc puede no ser irreversible”.

Lo cierto es que en un conflicto armado de carácter irregular como el colombiano, los golpes a la legitimidad del Gobierno y/o del régimen político, actúan incrementando el ánimo combativo de la subversión.

Ahora bien, lo preocupante es que la reacción del Gobierno ha sido insuficiente, pues no ha sabido maniobrar política y estratégicamente para recuperar legitimidad y así amortiguar el golpe. Por ejemplo, el mantener la actitud confrontacional hacia la rama judicial – esta vez más a través de sus ministros-, termina jugando a favor de la guerrilla. También el atascamiento de la política por la discusión sobre otra posible reelección. Ambas contribuyen a restarle legitimidad al régimen político. Así pues, todo parece indicar que la actual conducción de la PSD ya dio lo que podía y requiere otras visiones y voluntades.

 

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