Carlos Alfonso Velásquez A. | CORRIENTES SUBMARINAS BAJO LA OLA VERDE
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CORRIENTES SUBMARINAS BAJO LA OLA VERDE

CORRIENTES SUBMARINAS BAJO LA OLA VERDE

Aunque no se pueden aún calificar como definitivas las tendencias que muestran las encuestas que se han venido conociendo desde hace mes y medio, es poco probable que sufran cambios significativos. Y lo es porque todo parece indicar que los candidatos (a)- y sus asesores- no supieron leer oportunamente “los signos de los tiempos” para conducir sus campañas en consecuencia. En esto, claro está, hay que exceptuar la campaña de “la ola verde”, de la cual no tengo suficientes elementos de juicio para afirmar si los leyeron a tiempo o sencillamente coincidieron.

El punto a destacar es que son dichos “signos” los que han estado subyacentes a la “ola verde”, cual corrientes submarinas que han ido saliendo a la superficie para empujarla.

Creo que ellos son principalmente tres. En primer lugar el cansancio con la polarización promovida por el Gobierno Uribe. No solo entre derecha –  izquierda, sino entre el poder ejecutivo y el judicial. Este signo se asomó tímidamente con los ganadores de las consultas Liberal y del Polo, y de forma más clara en las elecciones legislativas, cuando las mayores votaciones no fueron para los candidatos más radicalizados.

Por otra parte, ha estado presente un sentimiento que bordea el hastío con los vicios más visibles en buena parte de los políticos de profesión: en los que viven “de la política” y no “para la política”. De aquellos que consideran como fin de la política el poder y no el bien común público. Es de aquí de donde se han derivado la “parapolítica” y vicios tales como la falta de transparencia que pretende ser tapada con el disimulo, y el clientelismo con su hermana gemela la corrupción.

El último, pero no menos influyente, es el del descenso de la mezcla entre el odio y el miedo a las Farc. Independientemente de si se debe a su debilitamiento por la Política de Seguridad Democrática (interpretada por muchos como de guerra contra las Farc), o a un proceso calculado por los jefes guerrilleros (o a un poco de ambas), el decrecimiento de dichos sentimientos se percibe en el ambiente. Como gran parte del llamado “uribismo” se construyó sobre ellos, declaraciones como las de Andrés Felipe Arias cuando dijo que “a las Farc no se las puede combatir con girasoles”, no tuvieron mucha acogida. Por lo mismo, cuando Juan Manuel Santos dijo hace una semana en Usme que “la culebrita seguía vivita”, rayó en el ridículo. Por la misma razón, cuando Noemí Sanin, habla con énfasis de la “lucha contra el terrorismo” se la percibe vacía.  

Así las cosas, no es de extrañar la tendencia ascendente de la “ola verde” en las encuestas. Mockus no es polarizante sino respetuosamente firme, no disimula cuando se equivoca sino que pide disculpas y se le cree cuando habla de “recursos públicos recursos sagrados”. También es creíble cuando hacia las acciones de las Farc, como el secuestro, muestra un claro rechazo, sin temor ni odio.  

 

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