Carlos Alfonso Velásquez A. | EL CENTRO ANCLADO EN IDEAS POLÍTICAS
16333
post-template-default,single,single-post,postid-16333,single-format-standard,do-etfw,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-child-theme-ver-11.1.1501028569,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2,vc_responsive

EL CENTRO ANCLADO EN IDEAS POLÍTICAS

EL CENTRO ANCLADO EN IDEAS POLÍTICAS

Debido a la polarización que tiende a agudizarse en la medida en que se aproximan las elecciones del 2014, el término “centro” se disputa entre los potenciales contendientes. Lo corrobora la aparición del “puro centro democrático” pero también la búsqueda de una “tercería” que se constituiría en otra fuerza política buscando también el centro agregándole la palabra izquierda.

Pero el verdadero centro del espectro político que está pidiendo la realidad actual no es cuestión ni de adjetivos que tratan de ocultar la ideología de quienes pretenden apropiárselo, ni de actitudes y posturas que buscan quedar bien con todos. Tampoco el verdadero centro de hoy es aquel por el que han competido algunas tendencias socialdemócratas y la ecléctica “tercera vía”. Ese tipo de centro ya dio lo que podía dar, a saber los diferentes modelos de “Estado Social” (o de bienestar) cuya crisis, causada, entre otras, por el crecimiento hipertrófico del Estado, le facilitó al neoliberalismo la pretensión de imponer el “Estado de Mercado”. Todo lo cual ha venido ocurriendo hasta que las consecuencias sociales de la dinámica económico-financiera sin rostro humano le dijera al mundo que ¡ese no es el camino!

El verdadero centro para la realidad actual tiene cimientos en ideas políticas, tiene anclaje. Parte de una visión antropológica del ser humano que trasciende al individuo aislado en su autonomía y competitividad y al ciudadano reducido a su condición pública. Es decir, el centro trasciende al individualismo axiológico y al colectivismo, para restituir el papel que como personas nos corresponde al vivir insertos en diversas comunidades: la familia, la empresa, el edificio, la iglesia, el club, el gremio, el partido, el municipio, la nación. En esencia, propende porque primen las relaciones yo – tú y no las yo-cosas, pues la persona es básicamente relacional: su realización no depende únicamente de sus esfuerzos y habilidades. Pero tampoco el centro acepta que el colectivo ahogue la identidad individual.

Así las cosas, el centro político reconoce la razón de ser del Estado y del mercado, pero también la de las comunidades, sin darle prevalencia a ninguno de estos tres pilares sobre los que se levantan las sociedades. No pretende ni un Estado garante ni uno interventor. En la visión del centro el Estado es principalmente subsidiario de las comunidades y arbitra con sensatez la economía, entre otras, incentivando la democratización de los agentes del mercado para darle espacio a la economía del bien común.   

En fin, el centro valora la libertad y la igualdad con sus interdependencias, pero también busca desarrollar la tarea pendiente de la fraternidad caminando por los senderos del bien común. Concepto este que no se debe confundir ni con la suma de bienes privados o bien total ni con el bien público. Se habla de bien común cuando cada uno realiza su interés junto al de los demás y no sin contar con los demás o en contra de los demás.

No Comments

Post A Comment