Carlos Alfonso Velásquez A. | EL DECLIVE DE LA RESPONSABILIDAD PERSONAL
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EL DECLIVE DE LA RESPONSABILIDAD PERSONAL

EL DECLIVE DE LA RESPONSABILIDAD PERSONAL

Al cerrar su libro “Tiempos Modernos” Paul Jhonson destaca como uno de los males subyacentes del siglo XX “la declinación de la responsabilidad personal”. Mal este que, al lado de otros, actuó en el trasfondo de las tragedias y fracasos que registra la historia del siglo pasado. Sin embargo, no parece que hayamos asimilado esa experiencia y, por el contrario, hoy día observamos expresiones que nos indican que dicho mal se mantiene presente entre nosotros al comenzar el último año de la primera década del siglo XXI.

En lo cotidiano abundan los ejemplos. El estudiante que afirma categóricamente que “el profesor me rajó” y no se le pasa por la mente su falta de consagración al estudio. El empleado que llega tarde al trabajo por el “endemoniado tráfico” y no porque por imprevisión no se levantó media hora antes. El esposo o esposa que decide disolver su matrimonio porque el otro “no me comprende”, sin detenerse a reflexionar en si pone lo suficiente de su parte para comprender al otro (a). En fin, un reto fundamental para los educadores.

Pero también el declive de la responsabilidad personal se hace presente en los asuntos gruesos que afectan a nuestra sociedad. “Este indeseado y trágico desenlace, es consecuencia directa de la orden impartida por Álvaro Uribe a las Fuerzas Militares del rescate a sangre y fuego” se lee en el comunicado de las Farc, tratando de justificar el, desde cualquier ángulo, injustificable asesinato de Luis Francisco Cuellar. Ni siquiera insinúan alguna sanción para el responsable de acuerdo a sus reglas. Esto ya no es declinación, sino total ausencia del concepto de responsabilidad personal. He aquí una de las razones principales por la que las Farc se han venido apretando la soga al cuello, así hagan elaborar documentales en el exterior con la pretensión de edulcorar su degradación.

Y lamentablemente el mal en comento también tiene visos de estar presente en nuestro Presidente, aunque claro está en distinto grado y con otro tipo de consecuencias. La respuesta que dio a los periodistas que indagaban sobre la evolución de su “encrucijada del alma” en el sentido de que dependía “de la Corte Constitucional, del pueblo y de Dios”, es una forma disimulada de evadir su responsabilidad en el asunto e incluso inusual dado su carácter “frentero”.

Podrá ser catalogada por algunos de sus áulicos como la posición de un “demócrata”, pero la tozuda realidad es que de esa manera Uribe pretende soslayar su responsabilidad personal en un asunto de tanta trascendencia, que daría al traste con lo que nos queda de institucionalidad democrática. No obstante, el juicio implacable de la historia mostrará la responsabilidad en su verdadera dimensión. Pueda ser que, para bien del país, la prudencia de los magistrados de la Corte Constitucional se imponga declarando inexequible el Referendo reeleccionista, evitando así las consecuencias contra nuestro Estado de Derecho. Contra el mismo que ellos deben proteger.          

 

 

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