Carlos Alfonso Velásquez A. | EXCESIVA HUMANIZACIÓN DE ANIMALES
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EXCESIVA HUMANIZACIÓN DE ANIMALES

EXCESIVA HUMANIZACIÓN DE ANIMALES

Diferentes formas de cuidado de los animales domésticos han formado parte de nuestra cultura desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, quizás por un movimiento pendular, desde hace unas dos décadas hemos pasado de cierta inclinación al maltrato animal, a la de considerar el animal doméstico, especialmente el perro y el gato, como una especie de “curador afectivo” viéndolo como otro humano. Fenómeno que se ha dado tanto en misántropos neutralizando su odio hacia la humanidad, como en personas que consciente o inconscientemente buscan paliar su soledad afectiva y/o efectiva, lo cual es comprensible, pero como sociedad debemos reflexionar también en los posibles efectos negativos de dicha humanización.

Lo cierto es que nunca antes hubo mejor época que esta para ser perro o gato, u otro tipo de mascota, tener dueño y vivir en casa. De hecho, incluso la palabra dueño ha sido desplazada en muchísimos casos por un término con más candor afectivo: el de “padre”. Si hasta hace unas décadas al perro le bastaba una alfombrilla para echarse, un recipiente con agua y/o leche, otro con un pedazo de carne o pan, y una pelota o un muñeco de goma para entretenerse, hoy sus objetos, sus alimentos y sus rutinas están más supeditadas a lo que el dueño piensa que es mejor…para sí mismo: salón de belleza, hotel, clínica, alimentación balanceada, etc. Y al mismo tiempo aumentan los habitantes de calle sin abrigo y sin el alimento necesario para sobrevivir, que añoran la situación en que viven las mascotas. En fin, se trata de una inequívoca tendencia a apreciar en la mascota cualidades humanas, creyéndola, con entusiasmo, merecedora de atenciones que en primera instancia están reservadas para las personas. Y claro, mayor entusiasmo embarga a una industria que produce alimentos, medicinas, cosméticos y tecnología diversa para el cuidado de las criaturas más peludas de la casa.

Ahora bien, dos hechos ocurridos la semana anterior, cual semáforo en amarillo nos indican que la humanización de los animales llegó a un punto en el que conviene detenerse. “La travesía judicial que afronta el oso Chucho” fue noticia de primera página en este diario, informando que en manos de la Corte Constitucional quedó dirimir si el animal es sujeto de derechos, lo cual sería de esperar, puesto que recientemente declaró sujetos de derecho a los ríos Atrato y Cauca, desvalorizando excesivamente el concepto de derecho.

Y el otro hecho se registró en el noticiero CM& del jueves pasado, cuando se informó que “por primera vez en la historia del país se produce una condena por la agresión a un animal: el motociclista Juan Toro deberá pagar 15 meses de cárcel por dispararle a un perro”. Y en el desarrollo de la noticia se observó a Toro hablando de un acto de legítima defensa. Aún más, si la muerte  hubiese tenido lugar hoy, los  “padres” de “príncipe” habrían podido contratar en la funeraria “Capillas de la fe”, sala de velación, cremación y cofre de cenizas para su mascota. ¿Conviene a nuestra sociedad humanizar en exceso los animales?

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