Carlos Alfonso Velásquez A. | IMPERATIVO MORAL DEL ESTADO
16203
post-template-default,single,single-post,postid-16203,single-format-standard,do-etfw,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-child-theme-ver-11.1.1501028569,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2,vc_responsive

IMPERATIVO MORAL DEL ESTADO

IMPERATIVO MORAL DEL ESTADO

Durante la ceremonia de ascenso de Luis Mendieta – quien como comandante del puesto de Policía de Mitú cayó en manos de las Farc en 1998 – el Presidente Uribe afirmó que no permitirá que “esa liberación gota a gota de aquellos que nunca debieron ser secuestrados, se utilice como una estrategia de propaganda política del terrorismo”. A su turno el profesor Moncayo anunció una tutela para “lograr por la vía administrativa lo que por voluntad del Presidente no ha sido posible…”. Es decir, la puesta en libertad del suboficial del Ejército, que pudo darse en estos días, está atascada.

Si para la toma de decisiones en esta posible liberación – y las que podrían venir después- el enfoque continúa siendo la relación costo – beneficio político (en pequeño), el asunto seguirá así salvo por desenlaces como el de un rescate militar de alto riesgo. ¿Se justifica que por la aprensión al protagonismo político de la senadora Piedad Córdoba y de las Farc, se permita que la dignidad del cabo Moncayo se siga pisoteando? ¿Cuál es la jerarquía de valores del Jefe del Estado?

¿Habrá pensado en que por encima de consideraciones menores se debe ver el asunto como un imperativo moral del Estado? Moncayo no cayó en manos de las Farc por negligencia o cobardía sino al término de un asalto en el cual combatió hasta que se le acabó la munición. Es decir, es rehén del enemigo por estar cumpliendo con su deber militar. Algo similar sucedió con los otros rehenes militares. Hay que recordar que en ese entonces (97-98) las Farc estaban en el momento más alto de su periplo, entre otras razones, por la crisis de legitimidad del régimen político por cuenta del proceso ocho mil. Así las cosas ¿es justo que el Estado, en su responsabilidad diacrónica, no actúe con más diligencia para que recuperen su libertad?

Si se pensara serenamente la cuestión se podría ver la oportunidad de mostrar altura política colocándose muy por encima de las Farc. No es sino privilegiar la dignidad humana y la lealtad estatal con soldados y policías, aceptando las condiciones que plantea la guerrilla, en las cuales cedió. Mucho va del despeje de Florida y Pradera a lo que hoy pide.

¿Que no conviene darle reconocimiento político a las Farc? Este no se da o se quita por decreto sino que se obtiene o no en los hechos. Es más, reconocimiento político no equivale a otorgamiento de legitimidad, a no ser que equivocadamente se crea que con esa liberación las Farc se quitarían del cuello la soga de su auto-deslegitimación. Más bien, hay que pensar en que para los militares y policías activos puede ser motivo de merma de su moral combativa el observar que si caen como rehenes después de combatir hasta el último cartucho, el Estado no los valora haciendo lo posible para que se les devuelva la libertad.

 

No Comments

Post A Comment