Carlos Alfonso Velásquez A. | INSUFICIENTE VISIÓN ESTRATÉGICA
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INSUFICIENTE VISIÓN ESTRATÉGICA

INSUFICIENTE VISIÓN ESTRATÉGICA

Analizados varios argumentos de los internacionalistas alrededor del litigio con Nicaragua queda claro que las falencias, más que en la defensa jurídica en sí misma, han estado en la insuficiente visión estratégica de los últimos Jefes de Estado. Ha sido la ausencia de alta política, de esa que con la mirada puesta en el largo plazo coloca por encima de consideraciones subalternas los grandes intereses nacionales.

Esa insuficiencia se puso en evidencia con la actitud desafiante que asumió el Gobierno ante la Corte a raíz del fallo de 2012. En este, valga anotar, no perdió Colombia soberanía; por el contrario, internacionalmente quedó reafirmada sobre San Andrés, Providencia, Santa Catalina y los islotes incluyendo claro está el mar territorial. Y esto en el centro de la plataforma continental nicaragüense, es decir fue un fallo en contra de las principales pretensiones de ese país. No obstante, el Gobierno sacó del cubilete la idea de que el derecho interno prevalece sobre el externo pretendiendo marginar a este. Y para rematar no demostró intenciones claras de entrar a negociar con Nicaragua los límites fronterizos. ¿Resultado? abonó el camino para que Nicaragua siguiera adelante con sus aspiraciones y la Corte las siguiera atendiendo hasta llegar a la situación actual.

Así las cosas, no es difícil deducir que el gobierno colombiano le ha facilitado al nicaragüense mantener la iniciativa, lo cual ha producido el efecto de presionar al colombiano a colocarse en una postura que bien podría denominarse como de “defensa reactiva”. De aquí la abjuración de la Corte Internacional de Justicia, el principal órgano de la ONU, tirando por la borda una larga tradición de política exterior con apego al derecho y en cambio buscar el ingreso al grupo de países que privilegian la “ley del más fuerte”.

También es muestra de la insuficiencia estratégica de los últimos Jefes de Estado el haber abandonado los caminos de la diplomacia colombiana que había aprendido a no ser reactiva a las provocaciones de los gobiernos chavistas y a no sucumbir a impulsos que después tienen alto costo político. Se hizo un flaco favor a la seriedad y congruencia que deben adornar al Estado colombiano, declaraciones de expresidentes como la de “es preferible un siglo de tensiones diplomáticas a ceder un milímetro de patria” (Uribe) o “nos quieren joder” (Gaviria), y claro está, las del presidente Santos al decir que la Corte Internacional es “injuriosa”. Esas frases pueden sonar muy efectivas para la galería pero son ineficaces para salvaguardar los altos intereses de la Nación.

En fin, si el presidente retomara el rumbo e hiciera que Colombia volviese a la Haya para frenar definitivamente las pretensiones nicaragüenses, aplicaría aquello de que “es preferible una vez colorado que el resto de la vida descolorido”.

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