Carlos Alfonso Velásquez A. | LA HUMANIZACIÓN DE LOS ANIMALES
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LA HUMANIZACIÓN DE LOS ANIMALES

LA HUMANIZACIÓN DE LOS ANIMALES

A raíz de los debates alrededor de la sentencia de la Corte Constitucional sobre las corridas de toros y otros eventos, vale la pena reflexionar un poco en la tendencia observable en no pocas personas a humanizar los animales.
Una de las últimas noticias al respecto fue, según Reuters, una encuesta realizada en febrero de este año a 24.000 personas de 23 países en la que se constató la preferencia de una mascota a una pareja así: para los menores de 35 años, cerca de un 25% optaba por su mascota en vez de por su pareja, en comparación con el 18% de los de entre 35 y 54 años, y el 14% de los de más de 55 años.
Poco antes el periódico británico Telegraph informaba sobre la vuelta de una antigua práctica pagana: la de los propietarios de mascotas enterrados con sus animales. El artículo citaba a Penny Lally, a cargo de un lugar de enterramientos declarando que había enterrado a más de 300 propietarios junto a sus animales desde que comenzó a permitir los enterramientos comunes en el 2003, y que tenía más de 120 reservas. En otro artículo el Chicago Tribune citaba a Michael Schaffer, autor del libro “One Nation Under Dog”, afirmando haber observado cómo los mensajes en los epitafios de las mascotas han evolucionado reflejando cuánta gente ha hecho de sus mascotas “miembros de hecho y de derecho de sus familias”.
Y no son sólo sentimientos. Cada vez hay más gente dispuesta a gastar ingentes sumas de dinero en sus mascotas. El mismo periódico informó que el gasto en esa industria crecería el 4,9% en el 2010, hasta llegar a USD$ 47.740 millones. El presidente de una asociación de la industria de mascotas comentaba que “debido a la humanización de las mascotas, la diferencia de calidad entre los seres humanos y sus compañeros mascotas está desapareciendo rápidamente en todas las categorías, desde la alimentación y la ropa hasta los cuidados y servicios médicos”.
No cuento con datos de la industria de mascotas en Colombia pero sí he observado indicios de la misma tendencia antes descrita. Es más, algunos defensores de animales, sin mayor reflexión, proponen conceder a estos el estatus de persona. Lo que conduciría a que si los animales se vuelven personas, las personas humanas se vuelven animales. Restringir la categoría de persona a los humanos es una base esencial para fomentar un mayor respeto por la vida humana. Si no, por ejemplo, la justificación del aborto negando el reconocimiento de personas a los bebés no nacidos, tiene el camino despejado.
Una de las tendencias más notorias de la sociedad contemporánea es cómo el perder de vista a Dios ha llevado a una mentalidad que también pierde de vista la dignidad de la persona humana. Hay así una conexión entre la falta de respeto por la vida humana, vista cada vez más a través de una perspectiva utilitaria, y la humanización de los animales.

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