Carlos Alfonso Velásquez A. | LA PACIFICACIÓN ATASCADA
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LA PACIFICACIÓN ATASCADA

LA PACIFICACIÓN ATASCADA

Ha vuelto a la agenda pública el tema de unas posibles negociaciones de paz con las Farc. Pero, a diferencia de otros momentos, no son solo los “pacifistas” como “Colombianos por la paz” los que allí lo colocaron. Esta vez lo plantearon, desde perspectivas diferentes pero complementarias, la Conferencia Episcopal con la mirada puesta en el bien común y el “International Crisis Group” desde el ángulo estratégico.

Es difícil establecer el grado de incidencia que para lo anterior han tenido los pasos,- tímidos pero calculados-, que viene dando la nueva cabeza de las Farc en la dirección de abrir espacios de acercamiento con el gobierno. Sin embargo, se puede afirmar que al menos en algo han influido para ambientar unas posibles negociaciones. Y en esto se pueden reconocer algunos rasgos que, no obstante lo tenues, pretenden expresar buena voluntad pese a haber sido oscurecidos por recientes acciones terroristas.

A su turno el Presidente ha reaccionado dando pasos que, aunque buscarían ir hacia delante, han sido como los de cangrejos por la carga de agresividad en el lenguaje empleado: condiciona cualquier negociación a “cese de acciones criminales con verificación” pues… “de lo contrario corremos el riesgo de que simplemente se hable de paz como lenguaje para ponerle nubarrones al terrorismo…”. Es decir, más se demora en tratar de abrir un menguado espacio político, que en dar un portazo cerrándose él mismo el espacio de maniobra.

Pero lo más preocupante es que en lo descrito subyace un problema más de fondo: la nueva jefatura de las Farc se está moviendo estratégicamente mientras que el Presidente parece estar actuando más con rencores acumulados que con la serenidad que se espera del estadista. Y de esta manera no puede colocar el bien común de la paz en el sitial privilegiado que le corresponde.

Ahora bien, los acontecimientos que colocaron el tema en la discusión pública pueden ser nuevos, pero el problema de fondo no. Por el contrario, con variada intensidad ha permanecido latente desde el 2002. Es que desde esa fecha, y contra toda evidencia, el Presidente ha querido borrar de tajo la connotación política del conflicto, creyendo, talvez, que “político” equivale a decir “bueno”. Como si – para hablar solo de un país- al lado de grandes hombres de la política como Konrad Adenauer no hubiesen existido individuos como Adolfo Hitler.            

Desde la perspectiva estratégica dejar al margen las connotaciones políticas del conflicto es una apuesta arriesgada pues al privilegiar solo lo militar se entra en la dinámica aquella de que “cuando la guerrilla no pierde, gana, y cuando el gobierno no gana, pierde”. Para salir de ella se requiere asumir la iniciativa política empezando por el lenguaje que se utiliza.

Ya Colombia hizo el tránsito del “voluntarismo de paz” al “voluntarismo de guerra” y lo que hoy necesita es una verdadera estrategia pacificante que solo puede ser implementada por ajedrecistas y no por jugadores de póker.

 

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