Carlos Alfonso Velásquez A. | LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DE URIBE
16505
post-template-default,single,single-post,postid-16505,single-format-standard,do-etfw,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-child-theme-ver-11.1.1501028569,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2,vc_responsive

LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DE URIBE

LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA DE URIBE

La audiencia de versión libre que rindió el expresidente Uribe trajo el recuerdo del proceso ocho mil pues ambos casos coinciden en un problema de su trasfondo: el enfoque prioritario en lo penal para así soslayar u olvidar la responsabilidad política. Por esto el proceso contra Samper no concluyó en su inocencia, pero tampoco en su culpabilidad pues nunca apareció “la prueba reina” que desmintiera aquel “si ingresaron dineros del narcotráfico a mi campaña, fue a mis espaldas”. Y claro está, por eso no tuvo que renunciar: “aquí estoy y aquí me quedo”.

Con el caso de Uribe el enfoque va en la misma dirección y nunca aparecerá “la prueba reina” que desmienta su afirmación categórica: “jamás ordené chuzadas”. Pero si el asunto se enrumbara primero hacia la posible responsabilidad política, para después, si lo amerita, abordar lo penal, difícilmente se desvirtuaría, por ejemplo, la declaración de Fernando Tabares, ex director de inteligencia del DAS hoy en la cárcel, quien declaró que Moreno y Hurtado le pidieron (o insinuaron) hacer interceptaciones y seguimientos espurios a los magistrados y a los más enconados opositores del, en ese entonces, presidente.

Es más, como Uribe se refirió a dicha declaración preguntando “¿qué interés iban a tener ellos en hacer esas interceptaciones?” respondamos: porque consideraron que era la mejor manera de satisfacer una de las necesidades más apremiantes de su vehemente jefe, la de tener a la mano la información más exacta posible sobre sus enemigos políticos. Es que no todas las tareas de los cargos en el Estado son impuestas por las funciones reglamentarias o por el jefe, sino que siempre habrá tareas deducidas de las políticas, posturas o actitudes del mismo jefe. Aún más, en la medida en que el cargo es de mayor nivel, las tareas deducidas ocupan más espacio que las impuestas.

En el caso de lo que ocurrió en el DAS durante el gobierno Uribe- desde la infiltración paramilitar hasta los seguimientos e interceptaciones espurias – la responsabilidad política hay que buscarla, en primer lugar, por el lado de la generación de tareas deducidas lo que no implica que se soslayen las posibles impuestas.

¿Qué tarea puede deducir un director de inteligencia o una directora del DAS, que en una reunión (formal o informal) con el Secretario de la Presidencia y/o con otros miembros del círculo más cercano al Presidente, es advertido (a) de la vehemente preocupación del primer mandatario porque las posturas de la Corte Suprema puedan desestabilizar al gobierno en detrimento de la “Seguridad Democrática”? Y si ese funcionario recuerda que, debido al fallo contra Yidis Medina, el Presidente insinuó públicamente los vínculos de los magistrados con las Farc al referirse a ellos como quienes tenían “nostalgia del terrorismo agonizante” ¿será descabellado pensar que dedujo la necesidad de ordenar seguimientos e interceptaciones espurias?        

En fin, en aquel “soy vehemente en el discurso…”, con que Uribe cerró su intervención está el comienzo del camino que lleva a su responsabilidad política.

 

No Comments

Post A Comment