Carlos Alfonso Velásquez A. | MÁS PERCEPCIÓN QUE REALIDAD
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MÁS PERCEPCIÓN QUE REALIDAD

MÁS PERCEPCIÓN QUE REALIDAD

Se están escuchando voces tratando de colocar el manejo actual de la seguridad en entredicho. Por ejemplo, en su columna titulada “Diques rotos en la seguridad” Mauricio Vargas criticó al Ministro de Defensa diciéndole que “el problema no es de comunicación sino de resultados” y al Presidente Santos pretendiendo hacerle ver que no es conveniente delegar tanto los temas de seguridad y que si quien convoca la colaboración ciudadana es personalmente el Presidente, se logra más información; mejor dicho, diciéndole actúe como Uribe. Y al día siguiente el ex presidente escribió en twiter “cualquier deterioro de la seguridad puede ser grave… nos preocupa” y su fiel seguidor Juan Lozano declaró “expresamos nuestra preocupación por las voces que advierten el deterioro de la seguridad…”. Al respecto llama la atención que lo último se haya dicho a pesar de que el Presidente Santos, presentando cifras comparativas, había ya declarado frente a la “U”: “La seguridad está controlada”. ¿Lozano y sus copartidarios no le creen? Difícil creerlo, entonces ¿cómo explicarlo?

Independientemente de las cifras y de la necesidad de acometer de manera más estratégica la desvertebración de las Bacrim (rezago de un proceso conducido de manera más eficientista que eficiente), el deterioro de la seguridad es mucho más un problema de percepción que de realidad. Por esto la respuesta de Santos a una pregunta relacionada con la Política de seguridad democrática dio en el clavo al expresar “lo que pasa es que cada cual tiene su forma de cocer las habas”. Y poco antes “La Silla Vacía” había planteado en la sección “La Movida” el interrogante de si la percepción sobre los avances en seguridad en los últimos años habían sido una realidad o más bien el resultado de un excelente esfuerzo comunicativo.

Es que venimos de ocho años en que la percepción de seguridad se mantuvo en altas cotas de la opinión. Aquellas que se dispararon desde cuando el Presidente de la República prácticamente le declaró la guerra a las Farc. A una guerrilla que por una parte era odiada por amplios sectores especialmente urbanos, y por otra, no era ni mucho menos marginal según se la había visto en la T.V durante las negociaciones del Caguán.  A lo anterior se sumó la prioridad que otorgó el Gobierno a la recuperación de la percepción de dos valores fundamentales en la vida de toda persona: la seguridad y la libertad. Por lo cual el primer esfuerzo se enfocó en el control de las áreas aledañas a Bogotá y Medellín, reforzado con la campaña de amplia divulgación mediática “Vive Colombia, viaja por ella”. Todo lo cual se complementó con los innumerables “Consejos de Seguridad” presididos por el Presidente en los que, con especial energía, regañaba a los comandantes militares y policiales.

En fin, lo importante es tener en mente que el estilo del Presidente Santos es distinto al de Uribe pero no por eso menos eficiente. Uribe fue más amigo del “ruido”, Santos parece inclinarse más a “las nueces”.

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