Carlos Alfonso Velásquez A. | MATRIMONIO, HECHO ANTROPOLÓGICO
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MATRIMONIO, HECHO ANTROPOLÓGICO

MATRIMONIO, HECHO ANTROPOLÓGICO

Las celebraciones navideñas constituyen un período privilegiado para reencontrarnos con los seres queridos, para expresarles nuestro cariño y también para agradecer a Dios el tesoro de la familia. Lo cual también invita a reflexionar sobre la crisis que está atravesando la institución del matrimonio.
Varias son las razones de la crisis, pero entre ellas cabe resaltar el oscurecimiento de la importancia de la familia como un hecho antropológico: fundada en el matrimonio, provee el ambiente idóneo para descubrir lo masculino y lo femenino, dos modos de ser que expresan la riqueza de lo humano. No es un “dogma” religioso pues lo que las religiones hacen es ratificar su esencia antropológica.
Ahora bien, aunque sobran hechos que nos inclinan a pensar sobre la posible superación de dicha crisis con pesimismo, si ampliamos la mirada encontramos razones para no quedarnos en el desánimo. No es sino caer en la cuenta de que si hay una institución que ha resistido los embates de la historia o los vaivenes de los imperios, esa es precisamente la unión del hombre y de la mujer. Ninguna institución ha sido tan resistente a las guerras, a las crisis económicas, a la estrechez de la vivienda, al agobio de las hipotecas, a la legislación que la debilita, o a la banalidad de tantos programas televisivos que casi nunca resaltan la importancia que tiene a familia para la vida en sociedad.
En fin…, los humanos reincidimos y seguimos emparejándonos en el matrimonio. Realmente no hemos dejado de hacerlo, la prueba es que todos hemos llegado hasta aquí gracias una larguísima cadena de uniones de hombre y mujer que se remontan a los albores de la humanidad. ¿Por qué? ¿Por qué siempre, en todos los momentos de la historia y en todos los lugares de la Tierra ha habido matrimonio? ¿Qué es lo que ha puesto misteriosamente de acuerdo a gentes de culturas tan distantes y distintas para que el hombre busque a la mujer, prometa quererla, tengan hijos y formen una familia? La respuesta es sencilla: porque el matrimonio es un hecho antropológico natural.
Por eso se le puede augurar poco recorrido histórico a la Ideología de Género, el más sutil pero fuerte ataque contra la familia y el matrimonio en muchos siglos. Pero poco recorrido no quiere decir años, sino décadas. Quizás muchos de nosotros no alcancemos a ver cómo se derrumba lo que el activismo LGTBI- acogido por “lo políticamente correcto”- ha venido construyendo mediante el “litigio estratégico”. Pero se puede prever que tiene menos futuro que el comunismo soviético que solo duró 75 años. Porque igual que la dictadura soviética, la Ideología de Género no es natural; porque ella se basa en una mentira antropológica; porque su empeño en borrar la diferencia entre varón y mujer es todavía más quimérico que borrar la diferencia de clases a costa de la libertad individual.

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