Carlos Alfonso Velásquez A. | NEUTRALIDAD EN LA EDUCACIÓN SEXUAL
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NEUTRALIDAD EN LA EDUCACIÓN SEXUAL

NEUTRALIDAD EN LA EDUCACIÓN SEXUAL

Ha estado en la agenda pública el debate por la decisión del Secretario de Educación de Bogotá sobre las clases a desarrollar en los colegios oficiales alrededor del asunto LGBT; debate este en el que el funcionario ha declarado insistentemente que el propósito es explicarles a los niños que “existen opciones sexuales diferentes” para así evitar la intolerancia. Lo que no dice claramente es lo que está en el trasfondo de la decisión. Esto es que el objetivo real es dar un paso decisivo en la “normalización” del fenómeno LGBT. Si no fuese así las clases deberían ser ideológicamente neutrales, ¿lo son?  

No, porque los programas de “educación sexual” de los colegios oficiales no asumen la diversidad de concepciones éticas sobre el sentido de la sexualidad; aquellas que originan las premisas de partida y los objetivos de aquellos.

Parecería ser que a la hora de diseñarlos no se consideró que, en general, hay dos cosmovisiones opuestas sobre el ejercicio de la sexualidad. Por una parte puede verse ligado a lo que podemos llamar la “educación para los compromisos estables”. Esta implica la transmisión de valores concretos: autodominio, fidelidad, comprensión, lealtad, apertura a la transmisión de la vida volcando la propia afectividad en los hijos y asumiendo nuevos compromisos y renuncias personales, etc… Aunque, por ir unida a la edificación del carácter, este tipo de educación se transmite mejor en la relación de confianza entre padres e hijos, si en el colegio no se complementa en la misma dirección el educando experimenta un choque interno, con frecuencia irremediable. Esta cosmovisión “brilla por su ausencia” en la educación sexual vigente en los colegios oficiales.

Otra visión de la sexualidad – la imperante que se busca complementar con lo LGBT- es la que se puede denominar “educación para la independencia sexual”. Esta tiene como objeto principal lo placentero en el ejercicio del sexo, la reducción de los riesgos de embarazo o de infecciones de transmisión sexual, el énfasis en el conocimiento de las medidas de anticoncepción y la búsqueda de experiencias gratificantes, bien a través del propio cuerpo o a través de relaciones interpersonales que no tienen que ser necesariamente monógamas (o con personas del otro sexo), centrándose en sus aspectos lúdicos y sin referencia a compromisos implícitos ni explícitos. En este caso también se puede dar el choque interno del educando si en su hogar se ha procurado educar desde la perspectiva de “compromisos estables”.

En un Estado Social y Democrático de Derecho como el nuestro, ningún ente estatal puede, legítimamente, incorporar una u otra de esas cosmovisiones a sus competencias educativas, ya que pertenecen al ámbito de la libre discusión de ideas de los ciudadanos.  Así las cosas, las clases que pretende imponer el Secretario deberían ser por una parte voluntarias con previa aprobación de los padres, y por otra, dictadas por docentes de las dos cosmovisiones, ante las cuales los educandos escogerán la visión que consideren los ayuda a ser mejores personas. En la educación es un imperativo salvaguardar la neutralidad ideológica del Estado.

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