Carlos Alfonso Velásquez A. | RELACIÓN IGLESIA Y ESTADO: ATISBOS HISTÓRICOS
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RELACIÓN IGLESIA Y ESTADO: ATISBOS HISTÓRICOS

RELACIÓN IGLESIA Y ESTADO: ATISBOS HISTÓRICOS

La Iglesia Católica y el Estado, tienen razones de ser diferentes, pero esto no implica que sean mutuamente excluyentes. Es más, si se mira la cuestión sin distorsiones ideológicas, esas razones de ser pueden ser complementarias.

En estos días de celebración de la beatificación de Juan Pablo II, cae como “anillo al dedo” un ejemplo histórico de esa latente complementación entre Iglesia y Estado. Anoto que las citas provienen de la crónica personal de Antonio José Caballero (El Tiempo, 27 de abril).

Como es sabido Juan Pablo II visitó a Colombia cuando Belisario Betancur ejercía los últimos meses de su Presidencia. Los mismos que quedaron signados con dos tragedias: el asalto al Palacio de Justicia por parte del M19 con su desenlace, y, la desaparición de Armero, la que fuera segunda ciudad del Tolima en población y tamaño. Es decir, la visita papal se dio en un contexto que irradiaba profundos sentimientos de desesperanza para la mayoría de colombianos.

Pues bien, cuando durante el vuelo que lo traía a Colombia, Caballero le preguntó al Papa el sentido de su visita, este le dice: “Quiero ser portador de la reconciliación que nace en el corazón del hombre, con una deseada paz para su país”.  Y luego complementó su respuesta: “Hay males actuales que se deben atender, porque para una reconstrucción orgánica se debe atender lo que vive socialmente la base de la población”.

Y aunque es cierto, como escribe Caballero, que “veinticinco años después, todavía tenemos esa signatura pendiente: la paz”, conviene mirar con más amplitud el devenir de los años siguientes a la visita papal. Como es obvio, ignoro el eco de las palabras del hoy Beato (reiteradas durante su visita) en la intimidad de los tomadores de decisiones en el Estado y en las guerrillas, pero hay hechos que inclinan a pensar que, al menos en algunos de ellos, tuvieron su efecto.

A Betancur lo sucedió en la Presidencia Virgilio Barco quien con su lema “mano tendida y pulso firme” combinó continuidad y contraste en la política para el manejo del orden público, sin producir ruptura con su antecesor. Desde el comienzo, Barco afirmó que “la paz no es un objetivo, es el resultado de una serie de tareas que nos hemos impuesto de acabar con la pobreza absoluta” y de aquí se derivó la ampliación del “Plan Nacional de Rehabilitación”. Pero a diferencia de su antecesor no lo continuó dejando la idea de que se hacía por y para las guerrillas, sino para relegitimar el Estado mediante intervención en zonas rezagadas, o sea en la “base de la población”.

Durante los últimos años de gobierno, Barco readecuó la política de paz y comenzaron los procesos con el M-19, el Quintín Lame, el Epl y el Prt, que incentivados con anuncios de una reforma constitucional, confluyeron con la convocatoria de una Asamblea Constituyente en los comienzos del Gobierno Gaviria, la cual, con una nueva Constitución selló los procesos de paz, ¿solo coincidencias?

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