Carlos Alfonso Velásquez A. | REPENSAR EL ACOPLE POLÍTICO – MILITAR
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REPENSAR EL ACOPLE POLÍTICO – MILITAR

REPENSAR EL ACOPLE POLÍTICO – MILITAR

La falencia estratégica de los gobiernos Uribe para terminar el conflicto armado con las guerrillas consistió en haberle dado prevalencia al componente militar en detrimento del político, engendrándose así la inconveniente desarticulación entre seguridad y pacificación. Es decir, la seguridad se convirtió en un fin y no en uno de los distintos medios para acercar el país a la paz. Por esa razón no pudo convertir en una real y duradera victoria política los logros de seguridad alcanzados, pese al ambiente de optimismo que se percibía por considerar que el final del conflicto estaba a la mano.

Ahora bien, desde su posesión el Presidente Santos ha ido tomando una serie de decisiones que indicarían el propósito de cambiar la prevalencia de lo militar otorgándole mucho más peso a lo político golpeando directamente la auto justificación de los alzados en armas y en últimas su moral combativa. Me refiero a la prioridad otorgada a la Ley de víctimas y tierras (a ser complementada con la de desarrollo rural), a la lucha contra la corrupción en equipo con los organismos de control, a la recomposición de las relaciones con el poder judicial, en especial con la Corte Suprema de Justicia y la Fiscalía, de donde en buena parte se han derivado los avances en investigaciones clave para la legitimidad estatal como las de los “falsos positivos”, las “chuzadas” y las del programa AIS.

Y si a lo anterior se suma el restablecimiento de relaciones con los gobiernos de Venezuela y Ecuador y el mejoramiento de aquellas con UNASUR, hay que afirmar que las siguientes palabras de su discurso del 20 de julio tuvieron la fuerza que les da su contenido real: “…Y hoy no sólo estamos hablando de paz. ¡Estamos construyendo las condiciones para la paz! Quienes no entiendan esto –y me refiero en especial a los grupos armados ilegales–, quienes no sepan leer los tiempos que vivimos y el rumbo que toma el país, ¡habrán perdido para siempre el tren de la historia!”.

Sin embargo, hizo otras aseveraciones que hacen dudar sobre el acople entre lo político y lo militar en la actual estrategia gubernamental: “… El reto que tenemos es afinar la estrategia para hacer frente a tan insidiosa campaña de las FARC, sin aflojar un momento en el esfuerzo estratégico de buscarlos en sus madrigueras…”. La duda surge porque si el esfuerzo principal del componente militar está en “buscarlos en sus madrigueras”, esta no es la mejor manera en que lo militar complementa la prevalencia política que le ha querido dar a su estrategia. El espacio no da para explicar al detalle las razones pero bástenos con afirmar que el fin de una estrategia militar contrainsurgente no es aniquilar el oponente sino debilitar su voluntad de lucha. ¿Se logra con dicho esfuerzo principal?

¿Será por ese inadecuado acople que la “Política Integral de Seguridad y Defensa” no considera el “cómo” se va a articular lo militar con Ley de víctimas y restitución de tierras?

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