Carlos Alfonso Velásquez A. | UN CONSENSO IMPOSIBLE
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UN CONSENSO IMPOSIBLE

UN CONSENSO IMPOSIBLE

Recientemente el general ® Oscar Naranjo dejo ver su disponibilidad para ser candidato a la vicepresidencia, si así lo decidía el presidente-candidato Santos. Y sutilmente dejó el mensaje de que sería una combinación clave, porque él, Naranjo, podría convertirse en el “link” – que no pudo ser Angelino Garzón- entre su jefe y el ex presidente Uribe en aras de impulsar el proceso de paz. Por esto dijo que había una necesidad sentida en la Colombia del presente: “…que a partir de un consenso que respete el disenso por el proceso de paz, sea posible hacer de la paz una causa común…”. ¡Loable propósito! pero no parte de la realidad que, casi a gritos,  dice que es nada o muy poco factible, que el “santismo” logre arribar a un consenso con el “uribismo” sobre el “cómo” alcanzar la paz.

Es cierto que las posturas del expresidente Uribe en torno al proceso de la Habana han venido cambiando “a paso de tortuga”. Su último slogan “sí a la paz pero sin impunidad” sería la síntesis del cambio. Es más, alguien podría decir que incluso el “paso de tortuga” se convirtió en “paso de liebre” con la foto que se tomó con el expresidente Pastrana “superando” desencuentros tales como los relacionados con el proceso del Caguán y el cruce de insultos entre los Pastrana y JO Gaviria. Quisieron los ex mandatarios decirle al país algo así como “somos tan amigos de la pacificación del país que dejamos a un lado las mutuas ofensas, para pensar en grande”.

Claro está que la coincidencia de dicho encuentro con las vísperas de la Convención Nacional del Partido Conservador, dejó al desnudo la “grandeza de propósitos”. No es nada creíble que ese “golpe de opinión” haya sido realmente en aras de mejorar la ambientación de la paz. A no ser que Uribe y Pastrana tengan la íntima convicción de que la paz solo podrá lograrse si ellos mantienen altas cotas de influencia y/o poder, en este caso sobre la candidata del partido conservador Marta Lucía Ramírez.

En fin allá ellos…lo cierto es que para que el “santismo” y el “uribismo” arriben a un consenso racional sobre la negociación en La Habana, hay un abismo conceptual en medio que se ha hecho practicamente irremediable por la enemistad-rivalidad nada disimulada entre sus “líderes”. Enemistad que, creo, solo empezaría a ceder por mutua conveniencia, es decir, si ambos vieran que surge otro(a) distinto(a) a los dos que ponga en riesgo el poder o influencia que perciben poseer.

Dejando a un lado lo de la enemistad, dicho abismo es similar al que se presentaría entre dos grupos de personas, que sin haberse puesto previamente de acuerdo en el concepto, entraran a discutir sobre asuntos atinentes a la “igualdad”. La discusión se tornaría interminable sin arribar a un consenso racional. Para zanjarla sólo les quedaría el recurso del consenso fáctico expresado en una votación.  

Para Uribe reconocer que en Colombia está aún vivo un conflicto armado de trasfondo político- cuya terminación se negocia políticamente- es un imposible. ¿Cómo hacerlo después de ocho años consecutivos en que repitió hasta la saciedad que se trata es de una “amenaza terrorista contra una democracia legítima”? ¿Cómo cambiar esa postura si precisamente lo que más le venían reconociendo muchos colombianos era su cruda franqueza? Precisamente cuando el presidente Santos hizo oficial el criterio de que sí había un conflicto armado se produjo la irremediable ruptura con su antiguo jefe, pese a todas las lisonjas con que lo exaltó el mismo Santos en su posesión.

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