Carlos Alfonso Velásquez A. | UN PRESIDENTE DESVARIANDO
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UN PRESIDENTE DESVARIANDO

UN PRESIDENTE DESVARIANDO

El Presidente de la República tiene no solo la potestad sino el deber de ejercer la alta dirección política del Estado. Desde el momento en que asume la primera magistratura debe convertirse en un verdadero jefe nacional pues entre los diferentes líderes o conductores que interactúan en el país, ninguno tiene tanta autoridad política como el primer mandatario.

A lo anterior se suma el que como buena parte de la dirección política se ejerce mediante discursos y declaraciones, y como, en alta proporción, vivimos inmersos en una “democracia mediática”, no hay postura o declaración del Presidente que no sea ampliamente difundida a través de los medios de comunicación. En fin, para bien o para mal, el primer mandatario es el máximo forjador de la opinión pública.

Ahora bien, con relativa frecuencia nuestro saliente Presidente ha asumido posturas que inclinan a pensar en que no se ha percatado de la dimensión de la responsabilidad de su investidura. Por ejemplo, recordemos cuando debido a que el fallo condenatorio de la Corte Suprema de Justicia contra Yidis Medina dejaba entrever la responsabilidad penal del Ministro Diego Palacio, el Presidente, insinuó vínculos de los magistrados con las Farc al referirse a ellos como quienes “tenían nostalgia del terrorismo agonizante”.

Pero en la semana que acaba de pasar el Presidente Uribe ya no solo produjo un comunicado con tinte incendiario, sino que al día siguiente mostró síntomas de desvarío.

No es viable encontrar justificación sana al hecho de que comenzando una de por sí tensa semana de escrutinios electorales, el Presidente haya hecho leer un comunicado insinuando que el  Registrador estaba borracho cuando se realizaba el primer conteo general de los votos ¿Es esto contribuir a la solución del problema? O más bien es tratar de apagar un incendio con gasolina, yendo en contra de su deber de mantener el orden público. Sin soslayar la responsabilidad de los protagonistas directos, no es de extrañar que al día siguiente haya sido necesario suspender los escrutinios en Corferias por las tensiones que se presentaron entre los testigos electorales y los jueces, y que se hayan desatado protestas violentas en la Universidad Pedagógica.

Pero lo peor estaba por venir adquiriendo visos de desvarío mayor. Al día siguiente, “haciendo gala de la sindéresis” que debe adornar a un Jefe de Estado y ante un auditorio académico, nuestro Presidente catalogó al Gobierno de los EE.UU. como uno que produce “informes sesgados y de oportunismo electoral”, y por si fuera poco, remató afirmando que su más firme aliado forma parte de la ¡“politiquería internacional”!

Como no es realista pensar en que Uribe vaya a cambiar su estilo y talante, creo que para que los meses que le faltan hasta el final de su mandato transcurran sin mayores sobresaltos atentatorios contra el orden público, lo mejor es que vuelva a llamar a su equipo de gobierno a Luis Carlos Restrepo, pero ya no como Consejero de Paz sino como siquiatra de cabecera.

       

  

 

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