Carlos Alfonso Velásquez A. | Uribe y sus equívocos
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Uribe y sus equívocos

Uribe y sus equívocos

Según Kant “sin el concepto la percepción es ciega, sin la percepción el concepto es vacío”. Y esto es así porque mientras los conceptos se presentan en blanco y negro, la vida es a todo color. No obstante, y sin absolutizarlos, los conceptos son guías importantes para el buen criterio y el actuar que de allí se deriva.

¿Qué ocurre en el debate público cuando los líderes políticos difunden conceptos equívocos? Entre otros se suscitan dos problemas. Por una parte, se fomentan discusiones que, por ausencia de una común base conceptual para argumentar, privilegian la emotividad sobre la razón de donde deviene la crispación y la intolerancia. Por otra, el concepto equívoco deriva en falacias que inducen al error a personas sin suficiente educación y formación. En últimas el debate público alrededor de conceptos equívocos fomenta un ambiente de polarización como el que hemos tenido en los años en que Uribe ha sido el jefe político con mayor audiencia.

Es que una de las características sobresalientes en la personalidad del senador Álvaro Uribe es su tendencia a emplear conceptos equívocos. No es sino recordar el prevalente en su primer gobierno cuando sostenía que “en Colombia no hay conflicto armado sino una amenaza terrorista”. Es decir, confundía una parte, las acciones terroristas, con el todo, el conflicto político-violento.

En su segundo gobierno el concepto equívoco prevalente fue aquel que decía “el Estado de opinión es una fase superior del Estado de derecho”. ¿Olvidó que una cosa es el gobierno, que en efecto puede ser “de opinión”, y otra el Estado de derecho cuya efectividad y estabilidad no puede depender de la opinión sino de la igualdad frente a la ley y de su cumplimiento? Al confundirlos se abre la puerta a la inestabilidad del orden jurídico – político, como cuando ante la sentencia de la Corte Suprema contra Yidis Medina por el delito de cohecho propio por vender su voto a favor de la reelección, Uribe propuso repetir la votación de un año atrás para demostrar la superioridad de la opinión sobre una sentencia judicial, no sin antes haber dicho que la Corte era “aliada del terrorismo agonizante”. Y pese al paso del tiempo dicho equívoco sigue produciendo efectos nocivos como los reflejados en las reacciones de sus seguidores ante la reciente decisión de la Corte de disponer la investigación por presunta manipulación de testigos. Por esto se escuchó a Iván Duque declarar: “El acuerdo no escrito con las Farc es encarcelar a Álvaro Uribe…, no le perdonan que los hubiera acorralado…”.

En cambio, el comentario de la jurista Catalina Botero en twitter fue elocuente: “Uno puede estar o no de acuerdo con una decisión de la Corte Suprema, pero si se trata de mantener el Estado de Derecho, tiene el deber de argumentar contra la decisión en lugar de intentar destruir la institución. Salvo que quiera seguir el modelo venezolano”. ¿Uribismo castrochavista?

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