Carlos Alfonso Velásquez A. | VÍCTIMAS: ¿A PARTIR DE CUANDO?
16180
post-template-default,single,single-post,postid-16180,single-format-standard,do-etfw,ajax_fade,page_not_loaded,,qode-child-theme-ver-11.1.1501028569,qode-theme-ver-11.1,qode-theme-bridge,wpb-js-composer js-comp-ver-5.2,vc_responsive

VÍCTIMAS: ¿A PARTIR DE CUANDO?

VÍCTIMAS: ¿A PARTIR DE CUANDO?

Respecto a la Ley de Víctimas – que esta semana será debatida en plenaria- hay que resaltar que ha sido el único proyecto de ley radicado personalmente por el Presidente de la República en un significativo acto en el cual declaró: “si solo se aprueba esta ley, habrá valido la pena ser Presidente, y para ustedes valdrá la pena ser congresistas”. De esta manera quedó clara la importancia de dicha ley que así quedo colocada en el primer renglón de la agenda gubernamental. Es que se trata de un acto de justicia con muchos colombianos que han padecido distintos vejámenes originados en los diferentes actores de uno de los conflictos armados internos más longevos del mundo.     

Ahora bien, uno de los temas álgidos que se continuará debatiendo es a partir de cuándo se debe considerar que una persona es víctima para efectos de su reparación. Y en este sentido tres fechas han estado sobre la mesa: 1964, 1984 y 1993. Lo ideal sería que se privilegiara el resarcimiento moral y no rondara, cual espada de Damocles, la preocupación por la “sostenibilidad fiscal” y así evitar injustas discriminaciones. Pero tal y como están las cosas y pese a lo injusto que es calcular el precio de las indemnizaciones, hay que tener en cuenta este aspecto.

Entonces, el justo medio estaría en tratar de reducir la posible cantidad de víctimas que quedarían sin resarcimiento, para lo cual lo menos injusto sería contemplarlas a partir de 1984. Diferentes estudios demuestran que desde ese año el conflicto armado empezó a descomponerse, pues quedó en evidencia que la cantidad de civiles muertos y heridos por injustas razones relacionadas con la confrontación sobrepasaba cada vez más a la cantidad de “bajas” de combatientes de uno y otro lado. Es decir, es el año que marca el comienzo de la ruta de degradación del conflicto.

El contexto de ese entonces se convirtió en el “caldo de cultivo” para que aumentaran las víctimas. Por un lado los narcos ya habían mostrado sus protervos propósitos de enfrentar al Estado asesinando al ex ministro Rodrigo Lara y creando “los extraditables”. Por otro, el M-19 competía con las Farc por el protagonismo durante el fallido proceso de paz de Betancur y por eso llegaron hasta la tragedia del Palacio de Justicia. A su turno, el Gobierno, con buenas intenciones pero sin adecuada estrategia, colocó a las Farc en el papel de “guerrilla buena” y  firmó una tregua que paulatinamente se quedó en el papel, lo que disparó las acciones violentas; hay que recordar que de allí surgió la UP.

Y los nacientes paramilitares – aliados con narcos algunos militares y políticos corruptos-, se auto-justificaron en el doble discurso de las Farc para irse lanza en ristre contra la UP que les disputaba el poder político en varias regiones. De todo ese “polvorín” provinieron masacres atroces como las de Segovia en Antioquia, la Mejor Esquina en Córdoba, y Honduras y La Negra en Urabá.

 

No Comments

Post A Comment